VOLUNTARIO PARA SIEMPRE

Peter Rinderer, sdb

En julio del 2006 me fui a México, tenía 19 años y apenas había terminado la escuela superior. Me habían destinado al 'Proyecto Salesiano Tijuana', para hacer un año de voluntariado con los salesianos de la Inspectoría de Guadalajara. La experiencia de servicio a los jóvenes y a sus familias no terminó, al contrario, se prolongó: ¡ahora soy salesiano!

En el Oratorio 'María Auxiliadora' de Tijuana jugaba todas las tardes con los muchachos. Junto con algunos jóvenes y adultos del barrio hacía animación. Además enseñaba inglés, informática y ayudaba en la pastoral de la parroquia. Un día un chico, de unos doce años, me preguntó: por qué has venido con nosotros? ". Porque dar, me hace feliz. Quiero dar mi vida para ayudar a los demás'; le respondí.

En realidad durante mi voluntariado no pude hacer grandes cosas. Pienso que la cosa más importante fue el estar a diario con los muchachos del oratorio y poder leer una buena biografía de Don Bosco.

La vida de Don Bosco me fascinó desde el primer momento y pensé: "Para mí Don Bosco es un modelo de vida'. Él estaba convencido de que Dios quería usar sus manos para hacer el bien, y gastó todas sus energías a favor de los jóvenes más pobres.

Hoy hay tanta necesidad de gente como Don Bosco, en México y también en Austria. Esta idea me daba vueltas en la cabeza y emocionaba mi corazón hasta que, después de un largo discernimiento y mucha oración, me dije:" Quiero ser salesiano para servir a los jóvenes". Cinco años después de esa experiencia me encuentro en Viena.

Después del aspirantado, del noviciado y de los estudios de filosofía y pedagogía, he iniciado el tirocinio en 'Don Bosco Flüchtlingswerk'. Es una "Casa Familia" donde acompaño a dieciséis jóvenes prófugos de diversos países, que llegaron a Austria sin familia y con tanta necesidad de ayuda. Llegados con los traumas propios de las experiencias de la guerra, ahora se encuentran enun ambiente completamente diverso, donde se les acoge para que puedan comenzar una nueva vida. "Aquí, en la Casa Don Bosco, nos quieren bien'; me dijo un joven afgano.

Les doy diversas lecciones y durante el tiempo libre nos divertimos jugando a fútbol, baloncesto o balonmano, o simplemente conversamos. Les damos esperanza para que construyan su futuro.

El voluntariado fue sólo el inicio de mi aventura, la de la vocación que Dios sembró en mi corazón. Aquel año de voluntariado en México me llevó a darle una dirección definitiva a mi vida: "¿Dónde está mi lugar en esta vida? ¿Qué quiero ser de mayor?, me preguntaba interiormente. La respuesta la encontré durante mi servicio: quiero ser voluntario para siempre al estilo de Don Bosco"

*NOTA EXTRAIDA DE LA REVISTA SALESIANOS 2012.

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